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Terra
La Coctelera

Categoría: reflexiones compartidas

PARA JORGE ALBERTO QUINTERO (alumno de 3º ESO - B)

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

(Fragmentos de la Elegía de Miguel Hernández a Ramón Sijé)

¡¡¡ BASTA YA!!!

Día del Libro

El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio. Anónimo

Hoy es 24 de abril. Ayer fue 23, Día del Libro.
Ayer hubo fiesta y regalos. Hoy ha habido regalos y fiesta. No nos podemos quejar, pues. Ayer y hoy, hoy y ayer, nos hemos obsequiado y nos hemos -como dice la cita que encabeza este texto- elogiado: nos hemos regalado libros. Ayer, en el ámbito más familiar; hoy, en el profesional. Ayer hubo también rosas, rojas y amarillas; hoy ha habido también palabras. Hemos regalado y nos hemos regalado: primero, los libros de los profes. Y lo hemos pasado genial en el recreo abriendo nuestros paquetes. ¡Hasta hemos posado para una foto con nuestros libros en la mano! Después vosotros, en clase, en la biblioteca, cuando hemos abierto nuestros libros el grupo de 3º de Diversificación. Con ellos iniciaremos la biblioteca de aula que vamos a poner en marcha para el curso próximo. Hoy, chicos, habéis obsequiado con libros; paraalgunos ha sido vuestra primera vez (nunca antes habíais regalado libros a nadie). Y como en un rito de iniciación os habéis zambullido en las páginas inexploradas, en la magiade los libros.
Después, como un hermoso colofón de la fiesta de las palabras, hemos jugado a apadrinar aquéllas más débiles; aquéllas a las que el uso parece darles las espalda. Ya han surgido las primeras candidatas: quínola, zorrocotropo, lechuguino, lúnula, tiralevitas, zampabollos, tiquitaca... Y vuestras risas. Y vuestra complicidad. Y vuestra curiosidad por saber qué significa ésa. Y vuestros coemntarios:"mira ésa, qué bonita es; me la pido..."
De verdad, chicos: oíros decir que una palabra es bonita ha sido mi mejor regalo del Día del Libro. Y junto a ése, inesperado, Marina, de Carlos Ruiz-Zafón; Sombras sobre sombras, de Juan José Millás e Instante, de Wislawa Szymborska. Gracias, Flor; gracias, Antonio; gracias, "amigo/a invisible".
Después de todo esto... ¿quién puede quejarse en un día como el de hoy?

"SOCIEDAD PROTECTORA DE PALABRAS"

Sea esta la regla de nuestra vida: decir lo que sentimos, sentir lo que decimos. En suma, que la palabra vaya de acuerdo con los hechos. Séneca

Acabo de abrir, tras varias piruetas virtuales por la red y sin saber muy bien cómo he llegado a hasta ella, una página en la que me hacen una propuesta verdaderamente curiosa y atractiva: apadrinar una palabra.
Ya sé que está de moda apadrinar, básicamente niños o niñas -mirad, si no, en los periódicos de hoy mismo, el caso Intervida-. Pero aquí se trata de un apadrinamiento distinto, más que nada, por lo abstracto del tema. Se trata de apadrinar palabras, vocablos, esos curiosos elementos que designan realidades.
Decía Gabriel Miró que los objetos, las cosas, el mundo, no existe hasta que no lo nombramos. Y lo nombramos con palabras. Algunas, más viejas pendejas ellas, intentan desaparecer cansadas de que nadie les haga caso; otras, hacen mutis por el foro porque nadie se acuerda de ellas, o porque aquello que representan ya no existe salvo en el recuerdo de los más mayores, y en un acto casi de suicidio, se dejan caer por los acantilados de la memoria colectiva esperando que un ángel salvador las recoja en el último instante.
¿Y si jugamos a ser ángeles? ¿Y si nos proponemos, de verdad,salvar esas palabras que -como se dice en la página a que me refiero- han aparecido en alguna edición del diccionario de la RAE pero no recordábamos su existencia? ¿Cuál será la mía? ¿Y la vuestra, la de cada uno de vosotros?

Es curioso, pero hoy mismo he vivido dos momentos sorprendentes relacionadas con las palabras. El segundo ha sido el descubrimiento de esta página; el primero, lo he vivido enel instituto esta misma mañana cuando al entrar en la sala de profesores he visto colgado un cartel en el que se nos invitaba a los miembros del claustro a participar en un "amigo invisible" con motivo del día del libro que celebraremos el próximo 23 de abril. Los profes interesados en participar habían de apuntarse en una lista, de la que el próximo día 18 se extraerán los nombres del amigo al que hayas de regalar UN LIBRO (precio máximo sugerido: 12 euros; veremos qué podemos hacer) que deberemos dejar ensecretaría durante el mismo día 23 de abril para repartirlos durante el recreo del día 24. Y al final de la mañana había más de 50 nombres apuntados en la lista.

No sé, pero a veces, cuando estás más descreída o falta de ilusión, aparece algo, un toque, una ligera brisa que hace que recobres las fuerzas y las ganas de seguir adelante.
Gracias, compañeros y compañeras del grupo de biblioteca del instituto, por seguir llenando con pequeñas cosas el cofre de nuestras ilusiones; gracias, amigos de la escuela de escritores por invitarnos a elegir, de entre las menos importantes, aquella palabra que nunca quisiéramos que cayera en el olvido.
Y gracias a vosotras, palabras, que hacéis que el mundo y todo lo que hay en él -como decía Gabriel Miró-exista.

Políticos y educadores del siglo ¿XXI?

El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.

He escuchado una entrevista esta mañana en la cadena SER a Sergio Fajardo, alcalde de la ciudad colombiana de Medellín. Debo confesar que no le conocía, pero también que desde este momento no voy a dejar de seguirle los pasos. Y entenderéis por qué.

Veréis. De entre sus todas -a mi juicio- interesantes palabras ha habido unas que han llamado poderosamentemente mi atención. Me refiero a aquéllas en las que decía algo así como una obviedad, algo que no hace falta ni decir, pero que ha sido, sin embargo, necesario que dijera: que no sirve de nada lamentarse, y que lo que hay que hacer es ponerse a trabajar para solucionar los problemas, mutatis mutandi.

Fajardo me ha parecido un político fuera de lo habitual. Y digo esto por su procedencia (el mundo de la enseñanza), por su formación (es matemático), y porque no cree en los partidos políticos sino en los políticos del siglo XXI. Quizás por todo ello haya conseguido más logros en apenas dos años que todos sus antecesores juntos. La clave de su éxito -estoy convencida de ello- es, sencillamente, ésa: ponerse manos a la obra y dejarse de lamentos y de discusiones ideológicas (propias de políticos del siglo pasado).

Desde mi humildad temo que voy a compartir con Fajardo más cosas de las que he podido descubrir esta mañana y que pienso averiguar. De momento me reconozco en algunas de sus palabras. Y espero que vosotros, mis chicos y chicas de clase, si habéis leído con atención me hayáis reconocido en algunas de ellas. Me refiero a aquello de que todos tenemos derecho al lamento. Que sí, que lamentarse está muy bien y nos es necesario incluso, y que para ello siempre podréis contar con mi hombro y mi respeto si lo consideráis oportuno. Pero que ese lamento no ha de durar más allá de ¿diez minutos?, pasados los cuales lo único importante es empezar a trabajar para solucionar el problema que nos abruma.

Cuando he dicho antes que Fajardo es un político fuera de lo habitual porque -entre otras cosas- procede del mundo de la enseñanza, algunos podéis haber pensado que era una exageración, pues haberlos , como las meigas, haylos, aunque reconoceréis conmigo que no es lo más común. Pero siempre está la excepción, cierto, y para demostrar que así es no me ha resultado muy difícil recordar aquí a mi gran maestro -y digo maestro a sabiendas de lo que digo- Don José Beviá, del que tanto aprendí (y no sólo griego) en un único curso que de él recibí en el Instituto Miguel Hernández cuando apenas era una adolescente. Don José llegó a ser vicepresidente del Congreso de los Diputados. Paradojas de la vida: pensamos entonces que el mundo de la poítica había encontrado un valioso elemento a costa del mundo de la enseñanza, que lo había perdido.

Pero no. Nuevamente nos equivocamos. Nunca hemos perdido a Don José para la enseñanza. Y no sólo porque ha sabido permanecer ligado a ella e, incluso, retomado hace unos años sus clases, sino porque me consta que somos muchos los que hemos seguido intentando prolongarlo en nuestras vidas y en nuestras clases, procurando imitar -aun sin ser conscientes de que lo hacíamos- todas las excelencias nos ofreció con su humildad de sabio y de hombre bueno.

No sé por qué -o sí lo sé- Fajardo me ha traído a la memoria a Don José. Medellín no es Alicante ni tiene , sin duda, sus conflictos. Pero sus jóvenes, los de la ciudad de Fajardo y los de la de Don José, sí tienen algo en común: la suerte de contar con personas que se preocupan por educarlos y enseñarles el camino y la manera de resolver sus problemas (que, en muchos casos, no son pocos).

Gracias, Don José; gracias, Fajardo. Parte de lo que somos y de lo que seremos está construido gracias vuestro esfuerzo.

María, mujer

Me da María unas líneas para que aparezcan en este espacio. Se trata de un texto que yo ya conocía porque alguien, en una ocasión muy especial, me lo había leído hace ya unos años. Y María lo ha hecho volver, y con su vuelta me ha devuleto, sin saberlo, una parte de mí.

Por eso, María, mujer, gracias, porque reencontrándome con estas palabras he vuelto a encontrar algo de mí que permanecía dormido "en los vastos jardines sin aurora" en los que habita el olvido.

Gracias, María, mujer, porque al pensar en ti me piensas, y me permites compartir tus pensamientos, y permites también que otros los puedan hacer suyos.

Gracias, María, mujer, porque has sabido reconocer que compartiendo se multiplica tu riqueza.

Gracias, sencillamente, María, mujer, por estar ahí y por ser tú y saber ser "nosotros"
.
Gracias, en definitiva, María, mujer, por ser tan sabia permitiendo que otros compartamos tus espacios.

Te deseo...

Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado-a.

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar.

Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.

Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas está hecha un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero enfrente a ti y digas: "Esto es mío", sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, aún sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.

Víctor Hugo (1802-1885)

Ha muerto Kapuscinsky.

Ha muerto el testigo. Qué decir. Que sea él quien nos diga. Dejémonos decir; sepamos escuchar.

"A menudo, cruzar una frontera resulta peligroso, es algo que puede costar la vida. En Berlín hay un cementerio con la gente que no lo logró"

"Hay otras muchas barreras que no son físicas que también es necesario saltar: la de la cultura, la de la familia, la del idioma, la del amor"

"La hospitalidad entiende el encuentro con otra persona como un acontecimiento, como una oportunidad y una fiesta. Nunca como un problema"

"La televisión ha llevado las imágenes de nuestra vida a los rincones de África, y esas imágenes son las que han permitido a los africanos tomar conciencia de su pobreza extrema"

"Siempre creí que los reporteros éramos buscadores de contextos, de las causas verdaderas que explican lo que sucede en nuestro mundo"

"Oriente no es sólo el mundo islámico. Oriente es, sobre todo, China y es India. Centrar toda la atención en el islam, intentar crear un problema con él, es un error y una manipulación"

El país, 24 de enero de 2007