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La Coctelera

Categoría: mis poemas no olvidados

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OTOÑO

 

Queda desnuda la naturaleza

de sus vestidos de hojas.

Oro molido desprendiéndose

desde los altos árboles,

supone silencio,

un silencio tranquilo y frío.

 

 

 

 

Puedo arroparme junto al cariño perdido

en otoño,

mientras recuerdo tardes

de viento crinado,

horizontes de ensueño perdido

y plata pulida,

y dulces lamentos

de hojas doradas.

 

 

El otoño me sugiere

tristeza y aires detenidos.

En él soy como un aljibe

regado de lágrimas,

como un río desbordado de intolerancia.

 

 

¡Tiene tantos tonos

como hojas caídas el otoño… !

Lleva tristeza,

y su color es violeta.

 

 

Y como en un último aliento,

ya agotado,

en otoño me siento derrotada

esperando el final de mi camino.

 

4º DIVERSIFICACIÓN, IES CARRÚS, 2002

Ángel González (In memoriam)

YA NADA AHORA
´

Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo
Pero nada ya ahora —ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa— podrá evitarlo:
exento, libre, como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,

creciente en un espacio sin fronteras,
este amor ya sin mí te amará siempre.


Llego con tres heridas del amor de muerte la

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

PROVERBIOS Y CANTARES XXIX

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Antonio Machado

RIMA XXXVIII

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?

Gustavo Adolfo Bécquer

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Francisco de Quevedo

III

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.

Jorge Manrique. Coplas a la muerte de su padre

A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido. ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento. No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores. Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas. Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado, 4 de mayo de 1912