OTOÑO
Queda desnuda la naturaleza
de sus vestidos de hojas.
Oro molido desprendiéndose
desde los altos árboles,
supone silencio,
un silencio tranquilo y frío.
Puedo arroparme junto al cariño perdido
en otoño,
mientras recuerdo tardes
de viento crinado,
horizontes de ensueño perdido
y plata pulida,
y dulces lamentos
de hojas doradas.
El otoño me sugiere
tristeza y aires detenidos.
En él soy como un aljibe
regado de lágrimas,
como un río desbordado de intolerancia.
¡Tiene tantos tonos
como hojas caídas el otoño… !
Lleva tristeza,
y su color es violeta.
Y como en un último aliento,
ya agotado,
en otoño me siento derrotada
esperando el final de mi camino.
4º DIVERSIFICACIÓN, IES CARRÚS, 2002
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.
Jorge Manrique. Coplas a la muerte de su padre
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido. ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento. No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores. Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas. Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
Antonio Machado, 4 de mayo de 1912
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